Archivos de Febrero, 2010

DE LAS MALAS PALABRAS

Lunes, Febrero 22nd, 2010

El Diccionario de la Real Academia Española no incluye la expresión mala palabra; aunque contiene otras como palabra gruesa (dicho inconveniente u obsceno), palabra pesada (la injuriosa o sensible), palabra picante (la que hiere o mortifica a la persona a quien se dice), palabras mayores (las injuriosas y ofensivas) o, tratar mal de palabra a alguien (injuriarle con un dicho ofensivo), y por último, los términos palabrada (palabras ofensivas), y palabrota (dicho ofensivo, indecente o grosero).

Sin hacer elogio de las malas palabras, ofrecemos a continuación aparentes improperios que lucimos los mexicanos en desacatos académicos, que no gramaticales.

¿Hay malas palabras? Por ejemplo, hablando de la chingada, considerando el tema gramaticalmente, basta decir que es “la madre violada”, por lo que el mayor insulto mexicano es decirle a alguien “hijo de la chingada”. He aquí que el uso de la expresión, es lo que la convierte en malsonante. En la frase “pinche Juanito”, hay un vocativo cariñoso. “Ese tipo es un cabrón para las finanzas”, es una frase que solo por su poder expresivo, resulta bien chingona. Al paso, recordemos que “de poca madre”, es algo bello, sublime.

No es lo mismo decir a alguien que es un mentecato, que no vale nada (un pentonto, penitente o tontejo), que decirle con toda objetividad que es un pendejo.

DÉCIMAS IRREVERENTES

La décima en poesía es en general, una estrofa constituida por diez versos octosílabos, donde rima el primero con el cuarto y el quinto; el segundo, con el tercero; el sexto, con el séptimo y el último, y el octavo, con el noveno.

Lope de Vega escribía en 1609 “las décimas son buenas para quejas”. Desde entonces ha sido una de las formas estróficas de mayor arraigo y amplia distribución en la poesía española e hispanoamericana.

En México sobresalen los estados de Veracruz y Oaxaca en la región del Sotavento al cauce del río Papaloapan, por sus peculiares manifestaciones. Allí son muy populares los decimeros, que entre son y son recitan sus versos picarescos o de denuncia, acompañados por las jaranas, el arpa jarocha, el pandero y el marimbol. También se acostumbra hacer encuentros de jaraneros, siendo el de la Décima Irreverente, que por su tono grosero, el que queda fuera de eventos oficiales, pero presente en el sentimiento popular. Quedan como muestra de estas décimas:

El Estreñimiento

De los males el peor
el maldito estreñimiento,
te nubla el entendimiento
te ocasiona gran dolor;
se te cambia hasta el color,
pronto se saltan las venas,
sientes las entrañas llenas,
intestino a reventar,
después de mucho pujar
logras un pedito apenas.

Rafael Figueroa Hernández.

Éxtasis

Si de décimas de trata
me quedo en la novena
junto a la morena
jarocha que me maltrata
y me saca hasta la nata.
En llegando al averno,
jugoso rincón del infierno,
me quedo pasmado,
a la placidez entregado,
al disfrute del deleite tierno.

César Macazaga Ordoño.

ALCAHUETERÍA TERMINOLÓGICA

De fijo excluimos totalmente de esta entrada el concepto de la alcahuetería que, con artificios, pretende seducir o corromper, tal y como actúan los conseguidores o las celestinas.

En lo fundamental, en el análisis de términos que pretendemos elaborar, la voz alcahuetería nos marca la pauta. “Es la acción de ocultar o encubrir actos reprobatorios de alguien”, nos dice el Diccionario de la Real Academia.

Partiendo de esta base, reviste curioso interés el observar cómo nuestro idioma ha ido transformándose durante el transcurso de los siglos en la materia que nos ocupa, en la búsqueda de calificativos que no resulten ofensivos, que gradúen o suavicen con delicadeza las expresiones conceptuales. Veamos:

1. puta. Es el adjetivo malsonante de mayor antigüedad recogido en libros y diccionarios del idioma español, y que ahora, tras sucesivos cambios de dicción, que trataremos de enumerar cronológicamente, nos llega con gran disimulo como sexoservidora. Con el nombre genérico de calepinos son conocidos varios diccionarios latinos, de los que Sahagún elaboró uno en el Códice Matritense. En la edición de Petri de Salas, publicada en 1805, la expresión putator prudens la equiparan a prudente. En el Tesoro de la lengua castellana de Sebastián de Covarrubias (1611), la puta es “la ramera o ruin mujer; díjose cuasi putida, porque está siempre escalentada y de mal olor”. En el Quijote, cuya primera edición data de 1605, leemos en la conmemorativa del IV Centenario (p. 385): “la puta que me parió”, expresión para denotar sentimientos de indignación o sorpresa. En México usamos el nahuatlismo huila (de huilana, andar arrastrándose). Refrán: Como dicen las huilas de mi tierra: poco dinero, poco meneo. También llamamos huilota (del náh. huílotl) a la sexoservidora; y discípula a la que atiende en un burdel. La piruja pasó a ser prostituta y alcanzó el rango de sexoservidora.

2. puto. En el calepino tiene el significado de estimación. En México acostumbramos adjetivar así a determinados objetos: el puto desarmador. Asimismo, ha seguido su tránsito peculiar de afeminado, maricón y homosexual antes de ser calificado como sexoservidor.

3. En profusión.

No es un alcohólico …sólo se echa sus copitas.

No hizo trampa …cometió una falta.

No es cogelona …sólo tiene sus revolcones.

No robó …su riqueza es inexplicable.

No vive en una vecindad …habita un condominio horizontal.

No es rata de dos patas …es un transgresor de cuello blanco.

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Ing. César Macazaga Ordoño. Autor de El habla del México Vivaracho (Panorama Editorial).